Este es el episodio 66 llamado Cómo el oro andalusí creó Cataluña. Ramón Berenguer I y el auge de Barcelona y en este episodio aprenderás:

La complicada herencia legada a Ramón Berenguer I

Condados catalanes, siglos XI-XII
Condados catalanes, siglos XI-XII

Como vimos en el episodio 59, Los condados catalanes de Ermesenda y Abad Oliba, 990-1040, el conde Berenguer Ramón murió en 1035 cuando sus hijos eran menores de edad. Ramón recibió los condados de Gerona y Barcelona hasta el río Llobregat, Sancho la Marca del Penedès desde el Llobregat hasta la frontera, y Guillermo, hijo de su segunda esposa, se quedaba con el condado de Osona, en la Cataluña central.

Sin embargo, el testamento también estipulaba que los hijos pequeños debían prestar obediencia al primogénito, con lo que se establecía un condominio que no era ninguna novedad en la historia condal. Además, por el testamento de su marido fallecido en 1017, la condesa Ermesenda tenía derechos de cogobierno en los condados de Barcelona, Osona y Gerona, y este último lo gobernaba sola porque recibió su propiedad en sus esponsales.

Por tanto, como no era extraño en el mundo feudal, había derechos solapados y repartidos entre varios individuos que complicaban las cosas para Ramón Berenguer. Por sus derechos y capacidad política, Ermesenda se convirtió en regente por segunda vez. La consagración de las catedrales de Gerona y Vic en 1038 marcó el mejor momento de su carrera política, pero pudo disfrutar poco de esa condición.

En 1041, unos dos años después de que el heredero celebrase su primera boda, observamos que había estallado el conflicto entre nieto y abuela. Se repetía el conflicto que había ocurrido con el hijo de la condesa. No es que Ermesenda fuera una mujer con ambición desmedida y se empecinara a no abandonar la regencia, como se ha repetido frecuentemente. A lo que se resistía es a perder los derechos de gobierno y rentas que había heredado de su marido, mientras que Ramón reclamaba gobernar sin que su abuela se entrometiera.

No sabemos cómo se desarrolló el conflicto armado, pero los nobles podían apoyar a la condesa, al conde o abstenerse de involucrarse, todo ello en beneficio propio. El conde de Cerdaña, enemigo tradicional de Barcelona, juró fidelidad a Ermesenda, mientras que el joven conde buscó la alianza con Urgel a cambio de prometerle rentas de Gerona una vez adquiriese esos dominios.

Como Ramón Berenguer se encontraba todavía en una posición bastante débil, tenía que aceptar hacer pactos feudovasalláticos donde los vasallos podían poner como condición no tener la obligación de atacar las propiedades de Ermesenda del condado de Gerona. Así lo hicieron el magnate Mir Geribert, los vizcondes de Gerona y los de Cardona.

Finalmente, Ramón y Ermesenda llegaron a un compromiso en 1043. La condesa juró fidelidad a su nieto y acordó defender sus derechos en Barcelona, Osona y Penedès, mientras que en el condado de Gerona la abuela solo reconocía sus derechos sobre dos aldeas y el derecho de visita y estancia sin coste en el condado. Por tanto, la abuela se comprometía a apoyarle y dejarle gobernar en solitario unos condados, pero a cambio no renunciaba a ser ella la que se encargase de gobernar la ciudad y condado de Gerona, que le pertenecían por sus esponsales.

La rebelión de Mir Geribert

Lo que parece deducirse de las fuentes archivísticas que se conservan es que en la Marca del Penedès, entre Barcelona y Tarragona, un barón llamado Mir Geribert era su señor efectivo desde la muerte de Berenguer Ramón. De ahí que este llegase a intitularse en 1041 princeps o soberano de Olèrdola, el núcleo que ejercía la capitalidad de la región.

Estaba constatando el vacío de poder de un Sancho Berenguer menor de edad sin gobierno efectivo, una condesa Ermesenda desligada de la frontera y ya enrocada en Gerona, y un Ramón Berenguer con una autoridad poco clara sobre la frontera. Antes de 1049 no hay indicios de que se opusiera al conde, sino que simplemente era quien controlaba el Penedès en la práctica.

Mir Geribert era hijo del vizconde de Barcelona, nieto por vía materna del conde Borrell II y primo de Guislaberto, obispo de la ciudad condal. Este último sí que se rebeló contra Ramón antes, pero no hay evidencias de que Mir Geribert estuviera involucrado en tal suceso. Me estoy refiriendo a los disturbios de 1044 orquestados por el obispo Guislaberto y el vizconde Udalardo II, que llegaron al punto de que hombres suyos lanzaron piedras contra el palacio de Barcelona y provocaron daños materiales y al menos un muerto.

Barcelona en el año 1100
Barcelona en el año 1100

Además, habían fomentado deserciones en la hueste de Ramón Berenguer I cuando este hizo campañas contra Cerdaña y al-Ándalus. Se negoció una sentencia judicial en la que Guislaberto juraba no haber hecho nada contra el conde y se comprometía a entregar a los hombres responsables del asalto al palacio y a entregar uno de los castillos de acceso a Barcelona. Por su parte, el vizconde de Barcelona tuvo que pagar una indemnización.

En algún momento entre 1049 y 1052 empezó la rebelión de Mir Geribert en la Marca del Penedès. ¿Pretendía el magnate crear un condado independiente? ¿Sustituir al conde de Barcelona? ¿Defender los derechos sucesorios de Sancho Berenguer en el Penedès? No parece que tuviera unas ambiciones tan grandes, pues tales cuestiones no se mencionan en su sentencia condenatoria. Sí que es cierto que Sancho renunció a la Marca del Penedès a favor de Ramón en 1049 y que Guillermo hizo lo mismo para el condado de Osona en 1054.

Si la renuncia del primero tuvo algo que ver en la revuelta de Mir Geribert, quizás era que el barón no estaba dispuesto a tener como superior inmediato al conde de Barcelona, porque este no iba a tolerar que Mir siguiera siendo el amo efectivo de la frontera sur. Múltiples factores pudieron inducir a la sedición. Una que resulta probable es que Mir Geribert deseaba tomar posesión sin permiso condal de muchos feudos de su recién fallecido suegro, Gombau de Besora.

El barón también se sentía descontento por la competición por el control de los recursos económicos de la frontera entre la nobleza e instituciones eclesiásticas importantes como el monasterio de Sant Cugat del Vallès. Los linajes vizcondales como el del rebelde se casaron entre sí en esta época para fortalecer su posición frente a la Iglesia y el creciente poder de los condes de Barcelona y Urgel.

Eso estaba relacionado con el monopolio en el cobro de las parias. Si su conde estaba en paz con los musulmanes, los nobles fronterizos ni podían hacer expediciones de pillaje por su cuenta ni recibir unos tributos de compensación que no dependieran de la voluntad del conde. Es posible que Mir Geribert pretendiera convertirse en un magnate con el que Ramón tuviera que lidiar, le gustase o no, para repartirse los tributos andalusíes.

Fueran cuales fueran sus motivaciones concretas, lo que Mir Geribert y sus seguidores pretendían era mejorar su cuota de poder y riqueza empleando la guerra como mecanismo negociador, como ocurría en otras tantas guerras feudales. Las primeras acciones de la rebelión de Mir Geribert consistieron en incursiones y saqueos contra vasallos de Ramón Berenguer y la apropiación de franquicias, de propiedades sujetas a privilegios, en las comarcas del Penedès y Vallès.

Además, trató de bloquear el flujo de parias de la Taifa de Tortosa a Barcelona, algo que debió cabrear mucho al conde, pues era uno de los pilares de su poder. Pero la reacción inicial de Ramón Berenguer I fue insuficiente y poco efectiva por falta de medios. Dictó una sentencia judicial contra Mir Geribert en 1052, que el rebelde simplemente ignoró por no tener la fuerza para hacerla cumplir.

El soberano barcelonés llegó a acordar con el vizconde de Narbona la creación de un condado de Tarragona para él, pero el proyecto no pasó del papel. Este ofrecimiento hay que entenderlo porque seguramente el vizconde de Narbona era tío de la primera esposa de Ramón. Las cosas todavía iban a complicársele más al barcelonés por una decisión personal que tomó.

Ramón Berenguer y Almodis de la Marca, una historia de amor

En un viaje a Narbona Ramón Berenguer conoció a Almodis de la Marca, originaria de la región francesa de Lemosín. Como era frecuente entre la nobleza, Almodis había sido dada en matrimonio por motivos políticos, primero al señor de Lusignan y luego a su aliado el conde de Tolosa. Fue usada como moneda de cambio sin tener en cuenta su voluntad y había dado a luz a seis hijos.

Pero conocer al conde de Barcelona le dio un rayo de esperanza. Los dos se enamoraron y decidieron romper convencionalismos sociales y abandonar a sus respectivas parejas para estar juntos. Por primera vez era Almodis la que elegía con quién iba a compartir su vida y cama. Idearon un rapto simulado que fue llevado a cabo por barcos de mercaderes judíos proporcionados por el emir de Tortosa, pero estos fracasaron porque supuestamente el conde de Tolosa sospechó y encerró a su esposa.

Codex Manesse (Zúrich, 1305-1340). Konrad von Altstetten. Hombre y mujer amorosos acariciándose
Codex Manesse (Zúrich, 1305-1340). Konrad von Altstetten. Hombre y mujer amorosos acariciándose

Finalmente, familiares de Almodis la ayudaron a escapar y marcharon junto a ella a Barcelona en 1052. Era un salseo tan grande que está recogido en la obra del geógrafo andalusí al-Bakri, al que le sorprendía cómo los cristianos se complicaban la vida por hacer prácticamente imposibles los divorcios en contraste con el mundo islámico. La decisión de anteponer el amor a fríos cálculos políticos tuvo sus consecuencias adversas, mientras que si amas mi divulgación histórica y le das al botón gratuito de suscribirte las consecuencias solo pueden ser positivas.

Y aprovecho para hacer la pregunta secreta del episodio, que hacía mucho que no hacía una: ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar por amor? ¿Qué estás dispuesto a sacrificar? Estoy impaciente para leer tu opinión en los comentarios. El suceso fue un escándalo y se topó de lleno con la oposición de la abuela Ermesenda. Solo hacía unos meses que Ramón se había casado por segunda vez.

Ermesenda aprovechó sus estrechos y amplios contactos eclesiásticos para apoyar a la mujer repudiada en conseguir que el mismísimo papa de Roma excomulgara a esos dos locos por amor. Un sínodo de Tolosa de 1056 confirmó la medida. Recordemos que la excomunión era algo muy serio, porque en teoría todo cristiano debía hacerles el vacío y legitimaba que cualquiera rompiera su fidelidad y les declarase la guerra.

Ermesenda formó una coalición que incluía al conde Guillermo II de Besalú, que inició depredaciones en tierras del barcelonés. La hermana de Almodis, Lucía de la Marca, la había acompañado a Barcelona y fue usada en el juego de alianzas políticas, al carecer Ramón de hermanas o hijas para casar. Guillermo II juró fidelidad como vasallo en 1054, pero terminó echándose para atrás y el matrimonio no se llevó a cabo. Los ataques continuaron por un poco más de tiempo.

Por su parte, el rebelde Mir Geribert continuó causando problemas. Se apropió de múltiples feudos de su suegro Gombau de Besora, provocó saqueos y muertos en la comarca del Vallès, erigió nuevos castillos sin autorización del conde y saqueó propiedades del obispado de Vic. Sin embargo, con paciencia, diplomacia y unos buenos recursos financieros Ramón Berenguer pudo recuperar el control de la situación y poner fin a los desafíos a su autoridad, y a la larga se demostró que por una mujer competente como Almodis valió la pena pelear contra viento y marea.

Cómo las parias de al-Ándalus construyeron la hegemonía del condado de Barcelona

Si hubo un factor que evitó que el condado de Barcelona cayera en una espiral de fragmentación fue la existencia de unos reinos islámicos divididos, que los convertía en un objetivo más fácil de extorsión y conquista. Como expliqué en el episodio 62, Taifas. Así se pelearon por un califato que ya no existía, Ramón Berenguer I fue el primer soberano cristiano en cobrarse parias, esos tributos anuales en moneda que servían para que los musulmanes comprasen la paz a los cristianos y su protección militar.

Noreste peninsular, c. 1035, por Daniel López
Noreste peninsular, c. 1035, por Daniel López

La primera en hacerlo fue la pequeña Taifa de Tortosa antes de 1040 para hacer frente a las amenazas de la taifa valenciana. Las taifas que pagaron parias a condados catalanes fueron las vecinas taifas de Zaragoza, Lérida y Tortosa, cuando estas dos últimas no estaban absorbidas por Zaragoza. No consta que la Taifa de Denia pagase parias, pero su relación política y comercial con Barcelona era estrecha, hasta el punto de que una misión diplomática pudo liberar a unos monjes de Provenza capturados por sus acciones de piratería.

Eso sí, todo apunta a que un documento en el que el obispo de Barcelona supuestamente conseguía del rey taifa jurisdicción sobre sus iglesias es una falsificación del siglo XIII para tratar de reclamar autoridad sobre las islas Baleares y Denia. Volviendo a lo principal, lo normal era que las taifas tributarias pagasen directamente al conde de Barcelona.

Por lo importante que eran para fortalecerse, Ramón Berenguer hizo que los acuerdos feudovasalláticos que alcanzaba con otros nobles incluyeran de forma estándar una cláusula en la que se especificaba que solo el conde de Barcelona tenía el derecho a recibir “parias de Ispania”, es decir, de taifas andalusíes. Solo tuvo que hacer excepciones con dos poderosos señores de frontera como eran el conde Ermengol III de Urgel, tradicional aliado suyo, y el vizconde de Àger, Arnau Mir de Tost.

Arnau Mir tenía derecho a recibir la mitad de los tributos de la ciudad de Balaguer, plaza que protegía a Lérida, mientras que Ermengol III podía conseguir parias por su cuenta y acordaban repartirse las parias quedándose el de Barcelona dos tercios y el de Urgel el tercio restante. Con estos tratos el barcelonés reconocía el poder militar de Urgel, pero al mismo tiempo se aseguraba su posición hegemónica quedándose con una mayor parte del pastel.

En los acuerdos se estipulaba además qué hacer cuando incrementara la cuantía percibida de los musulmanes, porque había perspectivas de poder sacarles cada vez más dinero mediante la extorsión. Según las estimaciones de Anna Maria Balaguer, en esta época 243.000 mancusos fluyeron desde al-Ándalus hasta los condados catalanes, de los cuales 140.000 fueron a parar a manos de Ramón Berenguer I.

Esas eran cantidades extraordinarias de dinero, probablemente estamos hablando de una infraestimación. Según Pierre Bonnassie, las transacciones en oro registradas documentalmente en los condados catalanes pasaron del 39% del total en la década de los 1040 hasta un 61% en la siguiente, y las cuantías en oro en términos absolutos aumentaron un 500%. En los años 1060 se intensificaron todavía más los cobros de parias, y eso sumándose a lo que podían cobrar por sus servicios militares a los reyes de taifas suponía una fuerte inyección de liquidez.

El control sobre las parias permitió que Ramón Berenguer I pudiera comprar muchos castillos y muchas fidelidades de hombres y mujeres que pasaron a ser vasallos del conde de Barcelona. Barcelona vivió un boom inmobiliario, con los precios de los bienes inmuebles aumentando exponencialmente. Disminuyeron los problemas de abastecimiento y los episodios de hambruna de la ciudad.

Los tributos de al-Ándalus permitieron incluso que Ramón Berenguer ordenase construir las primeras atarazanas y la primera flota condal de Barcelona, que sentaron las bases para el desarrollo del comercio marítimo y del control de los mares, algo que iría muy bien cuando se cortase el flujo de parias a finales del siglo XI.

Por tanto, el oro expoliado de al-Ándalus solucionó los problemas políticos del interior de los dominios de Ramón Berenguer I, y las parias jugaron un papel decisivo en construir la hegemonía del conde de Barcelona por encima del resto de condes y barones. Tú puedes ayudarme a seguir construyendo este proyecto haciéndote mecenas en Patreon, como lo ha hecho ffjmecbi. Solo ve a patreon.com/lahistoriaespana y consigue beneficios como acceso anticipado a todos los episodios, de un mes para los de esta serie cronológica, o merchandising que no encontrarás en la tienda.

Victoria sobre Ermesenda y Mir Geribert

Ermesenda era una mujer con mucha determinación y habilidad política, pero no podía escapar del inexorable paso del tiempo. Para cuando empezó su segundo conflicto con su nieto ya habían muerto sus principales consejeros y apoyos, como Gombau de Besora, el abad Oliba o su hermano el obispo Pedro de Gerona. Este último, cuando Ramón y Ermesenda estaban en buenos términos, había cedido una parte del patrimonio episcopal y confirmado la sumisión del obispado al conde de Barcelona.

Sello bilingüe de Ermesenda de Carcasona, en la catedral de Gerona
Sello bilingüe de Ermesenda de Carcasona, en la catedral de Gerona

Cuando falleció, Ramón colocó a un hijo del conde de Cerdaña al frente del obispado gerundense. Entre su vejez y estas piezas que el barcelonés colocó inteligentemente, Ermesenda tenía menos fieles con los que enfrentarse a su nieto. En medio del conflicto abierto, Ramón Berenguer se apoderó de la ciudad de Gerona, mientras que su aliado, el obispo de esta diócesis, recuperó una treintena de iglesias y algunos castillos que había controlado hasta entonces la condesa.

Algunos de estos feudos los transfirió el obispo al conde de Barcelona, que a su vez los distribuyó entre fieles suyos para fortalecer su posición, y las murallas y castillos de la ciudad de Gerona quedaron infeudados al obispo y a tres nobles. Sintiendo que iba a dejar este mundo pronto y presionada por Ramón Berenguer y Almodis, Ermesenda se reconcilió con ellos el 4 de junio de 1057.

La condesa renunció a favor de la pareja condal a sus derechos de gobierno sobre Barcelona, Gerona y Osona y a diversas propiedades que había adquirido en vida por 1.000 onzas de oro. Aunque es cierto que le quedaba poco tiempo de vida para seguir cobrándose rentas, se trataba de una cantidad simbólica muy inferior al valor real de lo que renunciaba. Era el precio de la derrota de una mujer que había luchado por lo que era suyo por ley.

Además, Ermesenda hizo las gestiones necesarias para que el papa levantara la excomunión que ella misma había promovido. Con las paces hechas, en marzo de 1058 falleció la octogenaria condesa Ermesenda, sin poder cumplir su deseo de peregrinar a Santiago de Compostela y a Roma. Unos meses antes de formalizarse la sumisión de Ermesenda, Ramón había donado a su amada Almodis el condado de Gerona por el que tan duro peleó, por lo que los nobles y eclesiásticos pasaron a rendir homenaje a la condesa.

También en los esponsales le donó muchos otros bienes, como castillos en la frontera, 100 mancusos de los recaudados en Zaragoza y todas las parias captadas de Lérida. Por lo tanto, Almodis tenía una base de poder propia muy potente, no era simplemente una condesa consorte. En el siglo XI observamos que las mujeres aristócratas seguían gozando de un gran protagonismo político en toda la península ibérica.

Ramón Berenguer I había solucionado el conflicto con Ermesenda, tenía asegurado el cobro de parias y había ganado muchos vasallos. Probablemente por su poder tan superior Mir Geribert perdió seguidores y se refugió durante un tiempo en la Tortosa dominada por el rey de Zaragoza. No se rindió sin antes recibir garantías de clemencia del conde, por lo que hubo un proceso negociador.

En la sentencia contra Mir Geribert de julio de 1058 el barón fue obligado a pagar 15.000 sueldos, equivalentes a 300 onzas de oro, y a jurarle fidelidad. Tuvo que renunciar a algunos castillos importantes, como el de Besora y el del puerto de Barcelona en Montjuic, pero a cambio se le reconocieron algunas propiedades conseguidas por la vía de los hechos. Como era habitual en las relaciones feudales, no se trataba de buscar una victoria total, sino de un compromiso aceptable y realista en base a la relación de fuerzas.

En 1060 Mir Geribert encabezó una expedición contra el castillo de Móra d’Ebre, cerca de Tortosa, para redimirse y mostrar fidelidad, pero la campaña fue desastrosa y él y muchos de sus hombres perecieron. El conde de Barcelona compró más propiedades de la familia vizcondal para evitar que pudieran volver a levantarse contra él, y en general la década de 1060 se caracterizó por una actividad frenética de compras de castillos y propiedades rurales para afianzar el poder condal.

1058 fue el año triunfante de Ramón Berenguer I, que culminó con un multitudinario acto de consagración de la catedral románica de Barcelona. En el acta del evento se expresó la legitimidad de la dinastía condal como independiente de los reyes francos por la gracia de Dios después de la destrucción causada por Almanzor en el 985: “Debido a los pecados de los hombres, el pueblo pagano prevaleció y Barcelona fue capturada, y sus habitantes fueron asesinados, sus santuarios destruidos y los altares derribados junto con los ministros del orden sagrado.

Pero Cristo, también dispuesto a tener misericordia, recuperó más tarde la mencionada ciudad, expulsando a los perniciosos paganos, y por sucesión hereditaria la entregó a los condes cristianos, de cuya línea o genealogía natural provenía el glorioso conde y marqués Ramón Berenguer, quien se convirtió en el campeón y baluarte del pueblo cristiano, y mediante su victoria, con la ayuda de Cristo, los adversarios paganos de los cristianos se convirtieron en sus tributarios. De quienes, oprimidos más que por todos sus predecesores y puestos en fuga, obtuvo muchas victorias triunfales y amplió las fronteras de los cristianos.”

El avasallamiento de los condes catalanes

La consolidación de la autoridad de Ramón Berenguer I llevó a que sus relaciones con otros condes cambiasen. La guerra con el conde de Besalú se dio por terminada en octubre de 1057 con la firma de una conveniencia, uno de esos documentos que regulaban las relaciones políticas y sociales y que vimos en el episodio 65, Señores, vasallos y renta. La España feudal al desnudo.

Guillermo II de Besalú se declaró vasallo del soberano barcelonés y prometió su auxilio militar, salvo si era contra los musulmanes, en cuyo caso la participación era voluntaria. A fin de evitar más conflictos, el feudo de dos castillos disputados se resolvió a favor del vasallo y el matrimonio con Lucía de la Marca quedó cancelado. Esta se casó el año siguiente con el conde Artal I de Pallars Sobirà y tuvo un papel relevante como condesa regente.

Monasterio de Sant Pere del Burgal (Lérida). Pintura mural de Lucía de la Marca, condesa de Pallars Sobirà, c. 1100. Museo Nacional de Arte de Cataluña
Monasterio de Sant Pere del Burgal (Lérida). Pintura mural de Lucía de la Marca, condesa de Pallars Sobirà, c. 1100. Museo Nacional de Arte de Cataluña

Gracias a esa unión Ramón Berenguer I ganó dos castillos y se atrajo a ese conde pirenaico a su órbita de influencia. En noviembre de 1058, en un momento en que Lérida y Zaragoza dejaron de pagar parias, Ramón convirtió en vasallo al conde de Cerdaña para conseguir su fuerza militar para cobrarse los tributos andalusíes. A cambio, prometió pagarle la nada desdeñable cifra de 3090 mancusos anuales y ayudarle a ampliar la marca de Oluges, la estrecha franja entre Urgel y Osona que todavía permitía a Cerdaña hacer frontera con al-Ándalus.

También hubo un acercamiento a Ampurias sin más motivo aparente que la riqueza, poder y prestigio alcanzados por el conde de Barcelona. Como ya había mencionado en el episodio 43, Los condados catalanes, 910-950, en septiembre de 1064 se produjo la consagración de la iglesia de Castellón de Ampurias a la que asistieron los condes de Ampurias, Besalú y Barcelona, junto a otras autoridades. Así se oficializó el cambio de capitalidad en el condado de Ampurias, tras el abandono progresivo de Sant Martí d’Empúries, heredera de la Emporion griega y romana.

A lo largo de las décadas de los 1050 y 1060 Ramón Berenguer I convirtió en vasallos a los condes vecinos, excepto por los de Pallars Jussà y Rosellón. El primero fue Ermengol III de Urgel en 1051, seguido de nuevos acuerdos en 1058 y 1062. Le siguieron el conde de Besalú con fidelidad definitiva en 1057, los de Pallars Sobirà y Cerdaña en 1058 y el conde de Ampurias en 1067.

Gracias a los tributos de al-Ándalus y a su habilidad política, el conde de Barcelona puso los cimientos para la formación política de Cataluña. Eso sí, los condes vasallos seguían siendo más independientes que lo contrario, pues no es como si fueran unos gobernadores reemplazables a voluntad de Barcelona. Ramón Berenguer I había empezado a usar las conveniencias feudovasalláticas desde una posición de debilidad, pero al ganar poder y riqueza fueron los demás barones los que buscaban llegar a acuerdos con él y convertirse en fieles.

Las conveniencias fueron un instrumento para articular el poder y las relaciones jerárquicas del feudalismo catalán, mientras que los castillos, vasallos y el oro fueron la moneda de cambio. Ramón fue el artífice del Estado feudal que caracterizó al condado de Barcelona en las décadas venideras, un Estado que pasó a ser una red de lazos personales y jerárquicos formalizados en acuerdos por escrito.

Compra de condados en Occitania

Ramón Berenguer no sabía qué hacer con tanto dinero que acumuló y puso sus ojos en lo que pasaba al norte de los Pirineos, en Occitania. A mediados del siglo XI, la familia condal de Carcasona se había fragmentado por muertes y sucesiones complicadas y hacia el 1060 solo quedaban mujeres con derechos al título condal. Eso generó disputas con múltiples personas con derechos parciales, incluyendo los condes de Tolosa, Foix y Cerdaña.

Compra de Carcasona y Rasés por el conde de Barcelona, 1067-1070, por Pere Benito y Monclús
Compra de Carcasona y Rasés por el conde de Barcelona, 1067-1070, por Pere Benito y Monclús

Una hermana de Almodis de la Marca, casada con un miembro de la familia Trencavel y necesitada de liquidez y protección frente al conde de Foix, optó por vender sus derechos al soberano de Barcelona. Esto se hizo en una serie de operaciones entre 1067 y 1070. Los Trencavel vendieron primero el gobierno de la ciudad de Carcasona, el obispado y otros bienes por 1.100 onzas de oro, luego el pequeño condado de Rasés por 1.000 onzas y finalmente sus derechos completos sobre el condado de Carcasona por 2.000 onzas de oro.

Además, hubo otras compras de derechos al resto de titulares de derechos por sumas más pequeñas, siendo la más destacada la de otra mujer del linaje, casada con el conde de Cerdaña, que cedió sus derechos en 1070 por 400 onzas. Con estas operaciones, los condes de Barcelona pasaron a ser los titulares legales de Carcasona y Rasés por unas 5.000 onzas de oro, equivalentes a 50.000 mancusos tras la devaluación de los mancusos de 1056, dinero que solo pudieron pagar gracias a los tributos extraídos de al-Ándalus.

Ramón Berenguer entregó en feudo la gestión de los dominios transformados en vizcondados, mientras que los Trencavel, vizcondes de Béziers y Agde, se distanciaron de Barcelona y en 1082 se aprovecharon del vacío de poder ocasionado por el asesinato de Ramón Berenguer II para hacerse señores de Carcasona. Parece que la compra de los mencionados condados occitanos servía para dar una herencia a Ramón Berenguer II.

Pero quizás Almodis maniobró para que fuera el hijo primogénito de su marido de su primer matrimonio el que se quedara con ellos mientras sus hijos se quedarían con los dominios más importantes. Esto tuvo trágicas consecuencias para Almodis, como veremos en un futuro episodio. En 1071 hubo un pleito por ver quién tenía jurisdicción sobre el castillo de Laurac, en la frontera entre Tolosa y Carcasona.

El conde de Tolosa no pudo probar que el castillo le hubiera prestado fidelidad en algún momento, pero se lo vendió a Ramón por 10.000 mancusos de oro. Si pagó tanto por un castillo que ya era suyo por derecho fue porque lo que pagaba en realidad era el reconocimiento de Tolosa de la titularidad barcelonesa de los condados de Carcasona y Rasés para ahorrarse una guerra.

Las relaciones entre los condados catalanes y los occitanos no eran nuevas. Las diócesis del sur pirenaico todavía dependían del arzobispado de Narbona y los linajes condales de las dos vertientes del Pirineo llevaban varias generaciones casándose entre sí. Pero la compra de Carcasona y Rasés fue un paso más allá que puso los cimientos para la expansión catalana en Occitania y los conflictos vividos en ese espacio en los siglos XII y XIII.

El Veredicto: Ermesenda: ¿ambición o defensa legítima?

La figura de Ermesenda recibió un juicio frecuentemente negativo en la historiografía. A Ramón Berenguer I se le describe como el constructor de un Estado que puso orden; a ella, como una mujer ambiciosa que se resistía a soltar el poder, e incluso se le cuestionan sus derechos sucesorios. Pero Ermesenda no hizo nada distinto de lo que hicieron todos los hombres de su linaje: defender los derechos que había heredado y las rentas que le correspondían por ley.

Si alabamos a un conde cuando lucha por mantener y expandir su autoridad, pero cuando lo hace una condesa la calificamos de ambiciosa, entrometida, codiciosa y temperamental, entonces estamos aplicando un claro sesgo machista. Así que cuidado con eso, porque hay que aplicar una misma vara de medir. Y con eso, El Veredicto termina.

Avance y outro

Si te ha gustado el episodio, por favor dale a me gusta y compártelo para ayudar en su difusión y confiesa si habías oído hablar de este conde tan importante de la historia catalana. Suscríbete si no lo hiciste ya y asegúrate de consultar todo el catálogo de episodios que he hecho, que igual queda mal que lo diga yo, pero es de lo mejorcito que puedes encontrar sobre historia de España.

En el próximo episodio nos enfocaremos en la expansión del Reino de Aragón y del condado de Urgel que culminó en la toma de Barbastro, y la fuerte reacción que eso provocó en las taifas de al-Ándalus. Gracias por llegar hasta aquí, y hasta la próxima.

Fuentes

Abe, Toshihiro. Las relaciones entre el Estado y la Iglesia en la Corona de Aragón desde la Reforma Gregoriana hasta la cruzada albigense (siglos XI-XIII). 2011. Universitat de Barcelona, tesis doctoral.

Aurell, Martin. “Jalons pour une enquête sur les strategies matrimoniales des comtes catalans (IXe-XIes.)” Symposium internacional sobre els orígens de Catalunya (segles VIII-XI), Generalitat de Catalunya, vol. I, (1991): 281-364.

Balañà i Abadia, Pere. “Les destruccions de l’Empúries medieval i la capitalitat comtal.” Annals de l’Institut d’Estudis Empordanesos 15 (1981): 125-135.

Barton, Thomas W. Victory’s Shadow: Conquest and Governance in Medieval Catalonia. Cornell University Press, 2019.

Benito i Monclús, Pere. “Fams endèmiques, fams episòdiques. Crisis i conjuntures frumentàries als comtats de Barcelona, Osona, Manresa i Girona (990-1090).” Recerques: història, economia, cultura 81 (2022): 5-36.

Bensch, Stephen P. Barcelona and its Rulers, 1096-1291. Cambridge University Press, 2002.

Bowman, Jeffrey A. “Countesses in court: elite women, creativity, and power in northern Iberia, 900–1200.” Journal of Medieval Iberian Studies 6.1 (2014): 54-70.

Camats Campabadal, Jaume. Iglesia de Urgel: feudalización y reforma (1020-1150). 2016. UNED, tesis doctoral.

Canal, Josep, Eduard Canal i de Diego, Josep M. Nolla y Jordi Sagrera. Girona, de Carlemany al feudalisme, 785-1057: el trànsit de la ciutat antiga a l’època medieval. Ajuntament de Girona, 2003.

Canal, Josep, Eduard Canal i de Diego, Josep M. Nolla y Jordi Sagrera. Girona comtal i feudal (1000-1190). Ajuntament de Girona, 1996.

de Heredia Bercero, Julia Beltrán. “Barcino, de colònia romana a sede regia visigoda, medina islàmica i ciutat comtal: una urbs en transformació.” Quarhis 9 (2013): 16-118.

De Riquer, Borja, director. Història mundial de Catalunya. Edicions 62, 2018.

de Riquer, Borja, director. Vides catalanes que han fet història. Edicions 62, 2020.

Débax, Hélène. “Les comtés de Carcassonne et de Razès et leurs marges (IXe-XIIe siècle).” La pierre, le métal, l’eau et le bois: économie castrale en territoire audois (XIe-XIV siècle) (2007): 16-28.

Débax, Hélène. La féodalité languedocienne: XIe-XIIe siècles: serments, hommages et fiefs dans le Languedoc des Trencavel. Presses Univ. du Mirail, 2003.

Ferrer i Maloll, Maria Teresa, y Manuel Riu i Riu, directores. Tractats i negociacions diplomàtiques de Catalunya i de la Corona Catalanoaragonesa a l’edat mitjana. Volum I.1. Tractats i negociacions diplomàtiques amb Occitània, França i els estats italians 1067-1213. Institut d’Estudis Catalans, 2009.

Ferrer i Maloll, Maria Teresa, y Manuel Riu i Riu, directores. Tractats i negociacions diplomàtiques de Catalunya i de la Corona Catalanoaragonesa a l’edat mitjana. Volum I.2. Tractats i negociacions diplomàtiques amb els regnes peninsulars i l’Àndalus (segle XI-1213). Institut d’Estudis Catalans, 2018.

Fité Llevot, Francesc, y Eduard González Montardit. Arnau Mir de Tost. Un senyor de frontera al segle XI. Universitat de Lleida, 2010.

Franco-Sánchez, Francisco, y Josep Antoni Gisbert Santonja, editores. Dénia. Poder i el mar en el segle XI: El regne taifa dels Banu Mugahid. Universidad de Alicante, 2019.

García Alfonso, Miguel Ángel. “Ermessindis comitissa. Autoridad, poder y representación de la condesa de Barcelona (ss. X-XI).” Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales 22 (2020): 185-246.

Gil i Roman, Xavier. Diplomatario de Ermesèn, condesa de Barcelona, Girona y Osona (c. 991-1 de marzo de 1058). 2004. Universitat Autònoma de Barcelona, tesis doctoral.

Gonzalo i Bou, Gener, editor. Les Constitucions de Pau i Treva de Catalunya (segles XI-XIII). Generalitat de Catalunya, 1994.

Iglesia Ferreirós, Aquilino. “The Birth of the Usatici.” Imago temporis. Medium Aevum 5 (2011): 412-426.

Kosto, Adam J. “The Elements of Practical Rulership: Ramon Berenguer I of Barcelona and the Revolt of Mir Geribert.” Viator 47.2 (2016): 67-94.

Kosto, Adam J. Making agreements in medieval Catalonia: Power, order, and the written word, 1000–1200. Cambridge University Press, 2001.

Ladero Quesada, Miguel Ángel, et al. La Reconquista y el proceso de diferenciación política (1035-1217). Dirigida por José María Jover Zamora, vol. 9, Espasa-Calpe, 1998.

Lluch Bramon, Rosa. “El conflicte de Mir Geribert en el marc de la feudalització del Penedès (1041-1058).” Anuario de Estudios Medievales 48.2 (2018): 793-820.

Maria Cingolani, Stefano. “Estratègies de legitimació del poder comtal: l’abat Oliba, Ramon Berenguer I, la Seu de Barcelona i les Gesta comitum Barchinonensium.” Acta historica et archaeologica mediaevalia 29 (2008): 135-175.

Maria Cingolani, Stefano. La formació nacional de Catalunya i el fet identitari dels catalans (785-1410). Generalitat de Catalunya, 2015.

Negro Cortés, Adrián Elías. “Los pagos de parias como generadores de poder en los Condados Catalanes (1035-1076).” Vínculos de Historia Revista del Departamento de Historia de la Universidad de Castilla-La Mancha 8 (2019): 232-248.

Negro Cortés, Adrián Elías. Las parias: política, ideología y explotación económica del enemigo musulmán (s. XI-s. XV). 2019. Universidad de Extremadura, tesis doctoral.

Pérez i Poza, Raül. “La relació de Sant Pere de Rodes amb l’aristocràcia laica als segles IX-XI.” Annals de l’Institut d’Estudis Empordanesos 33 (2000): 55-95.

Riera Melis, Antoni. “Barcelona, 985-1317: Economia, societat i política en la construcció d’un empori iberomediterrani.” Acta historica et archaeologica mediaevalia 32 (2014): 131-232.

Riu-Barrera, Eduard. “Barcelona entre els segles V i XI, de la desurbanització a la formació d’una capital.” Barcelona Quaderns d’Història 18 (2012): 113-145.

Rodenbusch, Cornel-Peter. The Wheel of Justice: Court Procedure, Conflict Resolution and Narratives in Medieval Catalonia (950-1130). 2021. Universitat de Barcelona, tesis doctoral.

Rodríguez Bernal, Francesc. “Las lógicas nobiliarias de frontera en la Cataluña de los siglos X y XI.” VI Estudio de Fronteras: población y poblamiento: homenaje a Manuel González Jiménez, coordinado por Francisco Toro Ceballos y José Rodríguez Molina, Diputación Provincial de Jaén, 2007, pág. 621-638.

Rodríguez Bernal, Francesc. “La frontera meridional catalana en el siglo XI: un espacio vizcondal.” Fronteras en discusión: la Península Ibérica en el siglo XII, coordinado por Juan Martos Quesada y Marisa Bueno Sánchez, Asociación Cultural Almudayna, 2012, pág. 53-73.

Rodríguez Bernal, Francesc. Los Cardona: familia, poder y territorio en Cataluña (siglos X-XIII). 2004. Universitat Autònoma de Barcelona, tesis doctoral.

Ruiz-Domènec, José Enrique. Quan els vescomtes de Barcelona eren. Història, crònica i documents d’una família catalana dels segles X, XI i XII. Fundació Noguera, 2006.

Sabaté, Flocel. La feudalización de la sociedad catalana. Universidad de Granada, 2007.

Salrach Marès, Josep Maria. “Les difícils relacions dels comtes de Besalú i de Barcelona els anys 1054-1057.” Quaderns de les Assemblees d’Estudis 8 (1996): 299-308.

Salrach Marès, Josep Maria. El procés de feudalització (segles III-XII). Dirigida por Pierre Vilar, vol. 2, Edicions 62, 1998.

Schideler, John. A medieval Catalan noble family: the Montcadas, 1000-1230. University of California Press, 1983.

Sénac, Philippe, y Carlos Laliena Corbera. 1064, Barbastro: Guerra santa y yihad en la España medieval. Alianza Editorial, 2020.

Sobrequés Vidal, Santiago. Els grans comtes de Barcelona. Editorial Vicens-Vives, 1961.

Tostes, Rogerio R. “Os Usatici Barchinonae: algumas recapitulações de uma tradição textual.” Medievalia 53.1 (2021): 25-63.

Vergés Pons, Oliver. Urgell mil anys enrere. Història política, social i econòmica d’un comtat i de la seva classe dirigent (870-1066). 2017. Universitat Autònoma de Barcelona, tesis doctoral.

Vinyoles Vidal, Teresa Maria. “Las mujeres del año mil.” Aragón en la Edad Media 17 (2003): 5-26.

Comentar

Si tienes alguna duda o comentario, no dudes en escribir!