Este es el episodio 67 llamado Barbastro 1064: La guerra santa que se contó mal y en este episodio aprenderás:

Contexto: El tablero político fragmentado del noreste ibérico

Para contar la historia de la sangrienta guerra por Barbastro, tenemos que ver el escenario político del noreste. En el episodio 66 me centré en cómo las parias de al-Ándalus sirvieron para construir el poder del conde de Barcelona, Ramón Berenguer I, así que no voy a prestarle demasiada atención, porque además tampoco tuvo un rol muy directo en los acontecimientos que estudiaremos aquí.

Noreste peninsular, c. 1035, por Daniel López
Noreste peninsular, c. 1035, por Daniel López

Diferente es el caso del condado de Urgel, que tuvo un papel protagonista. En 1038 murió el joven conde Ermengol II en su peregrinación a Tierra Santa y fue enterrado en Jerusalén. Hasta 1048 quedó como regente la condesa viuda, Constanza, que fue la máxima autoridad en la consagración de la catedral de la Seo de Urgel. En 1041 vendió el cargo de obispo de Urgel a la familia condal de Cerdaña por 100.000 sueldos, una cifra extraordinaria que seguramente las fuentes exageraron.

A falta de posibilidades de expansión territorial, la dinastía cerdana optó por basar mucho su poder en conseguir puestos eclesiásticos relevantes, por eso estaban al frente del arzobispado de Narbona y de los obispados de Gerona y Urgel. El patrimonio que manejaban tales obispos y la cercanía que le daba la posición al conde para intentar evitar guerras con Cerdaña justificaba sobradamente comprar el cargo.

Mientras tanto, en el recién nacido Reino de Aragón gobernaba Ramiro I, hijo natural del rey navarro Sancho III el Mayor. En esos momentos era un reino vasallo de Pamplona y exclusivamente montañés con deseos de expandirse por la más rica y fértil llanura. Esa expansión era a costa de una al-Ándalus dividida en reinos de taifas, pero que además en el espacio nororiental ibérico hubo todavía más división que fue aprovechada por todos los poderes cristianos vecinos.

Me estoy refiriendo a la guerra civil fratricida que estalló en la Marca Superior tras la muerte de Sulayman ibn Hud en 1046, como vimos en el episodio 62. Taifas. Así se pelearon por un califato que ya no existía. Los hijos de la dinastía hudí se enfrentaron por la herencia, y por ello recurrieron a la ayuda militar de los cristianos o pagaron su no intervención a favor de un hermano rival. Al final, Ahmad al-Muqtadir se hizo con todos los dominios, excepto por Lérida, gobernada por su hermano Yusuf.

Yusuf había sido reconocido en Tudela y trató de llegar hasta allí con su ejército pasando a través del Reino de Aragón, pero Ahmad pagó el doble de lo que pagó su hermano a Ramiro para el permiso de paso y con esta traición le infligieron una sonada derrota. Después de eso Yusuf no pudo pensar más en tomar el control de toda la Marca Superior, pero con el apoyo de condes catalanes pudo seguir resistiendo sin ser absorbido.

Los cristianos sacaban tributos de los andalusíes mediante sus injerencias en el conflicto fratricida e hicieron avances apropiándose de algunas fortalezas. Como los estaban asfixiando, Lérida y Zaragoza dejaron de pagar parias en 1058. No queda claro si Ahmad y Yusuf llegaron a una tregua. Lo que reforzó a Ahmad de Zaragoza todavía más fue una revuelta en Tortosa en 1060 que puso la plaza bajo su soberanía, dándole salida al mar. Eso cortó el flujo de parias a Barcelona por un tiempo y obligó a que los catalanes pusiesen el foco en la expansión por el valle del río Cinca en la Taifa de Lérida.

Arnau Mir de Tost y el señorío de Àger

Condado de Urgel hacia el 1066, por Oliver Vergés
Condado de Urgel hacia el 1066, por Oliver Vergés

Aunque sea a costa de desviarme un poco del tema principal, Arnau Mir de Tost es un personaje demasiado importante como para no dedicarle una sección propia. Se trata de un barón de la frontera que combatió a los musulmanes sin cesar y que formó un señorío casi independiente entre lo que hoy es el oeste de Cataluña y el este de Aragón. Su papel en la historia empezó en 1034 cuando colaboró en la conquista del valle de Àger, unos 60 kilómetros al norte de Lérida, situado al pie de la sierra del Montsec entre los ríos Noguera Ribagorzana y Pallaresa.

Era una conquista llevada a cabo por su señor, el conde Ermengol II de Urgel, con la ayuda del conde de Foix y de los mozárabes asentados en la zona. Arnau se convirtió en señor de Àger, y tras una breve ocupación o razia andalusí en 1046, reconquistó el valle, esta vez sin que el conde interviniera. Gracias a sus conquistas, algaradas, la construcción de muchos castillos y las parias, Arnau Mir de Tost se convirtió en un señor con el que otros buscaban estar en buenos términos.

De hecho, era más poderoso que algunos con el título de conde, como los condes de Pallars. El señor de Àger y el conde de Urgel se aprovecharon de una guerra familiar entre Ramón V de Pallars Jussà y su primo Artal I de Pallars Sobirà, un conflicto muy largo entre 1050 y 1070 que terminó sin que ninguno venciera al otro para reunificar Pallars. Los que salieron ganando fueron sus vecinos.

Condados catalanes, siglos XI-XII
Condados catalanes, siglos XI-XII

Primero, por acciones de pillaje y ocupaciones que lograron, y segundo, y más importante, porque los urgeleses cortaron las vías de expansión pallaresas hacia el sur, con la ambición de avanzar ellos hacia el oeste hasta el río Cinca. Además, Arnau Mir estrechó lazos con el conde de Pallars Jussà que, desesperado por conseguir aliados y dinero con el que financiar su guerra, vendió y renunció a castillos a favor del señor de Àger y se casó con una hija suya.

En el episodio anterior me equivoqué al decir que Arnau era vizconde de Àger, porque la transformación de sus dominios en el llamado vizcondado de Àger o del Bajo Urgel ocurrió en tiempos de su nieto. Eso no quita que su poder fáctico era tan grande en la frontera que era vasallo del conde de Urgel, el de Barcelona y el rey de Aragón, porque todos lo valoraban como aliado.

Por ejemplo, en 1050 Ramón Berenguer I consiguió que el emir de Lérida le cediera los castillos de Camarasa y Cubells a cambio de ayudarle con un asedio contra Zaragoza que fracasó. Esos dos castillos fueron infeudados a Arnau Mir de Tost, y se trataba de dos plazas muy cercanas a Balaguer, con lo que el barcelonés y el barón urgelés estaban bien posicionados a las puertas de Balaguer y Lérida para conquistarlas en cuanto se presentase la ocasión, algo que solo conseguirían sus descendientes.

Por sus temores a que se estuviera volviendo demasiado cercano a Barcelona, el conde de Urgel firmó dos conveniencias con Arnau Mir para confirmar que él era su señor principal y que en caso de conflicto con Barcelona permanecería fiel, siendo compensado por la pérdida de feudos. La verdad es que tenía motivos para desconfiar, como se manifiesta en algunos documentos donde el señorío de Àger se concibe como algo que no forma parte del condado de Urgel.

Pero quizás lo que más evidencia sus deseos de construir un poder autónomo es que instauró la canónica de Sant Pere d’Àger, le cedió muchas de sus propiedades, incluido su castillo residencial, y donó la iglesia a la Santa Sede. En 1060 obtuvo una bula del papa Nicolás II que elogiaba a Arnau como un hombre muy religioso victorioso contra los musulmanes y otorgaba la protección de Roma a su iglesia a cambio de diez sueldos de oro cada cinco años.

Para obtener la bula tuvo que pagar 5.000 sueldos de oro, nada barato, y para una bula de confirmación de Alejandro II, que sería relevante para la campaña de Barbastro, pagó 3.000 sueldos y dio diez esclavos negros. Con este movimiento sustraía la canónica de Àger de la jurisdicción del obispado de Urgel, un privilegio que no fue suprimido hasta 1873. Si esta estrategia autonomista fracasó para el señorío de Àger fue porque fallecieron los hijos varones de Arnau Mir y eso complicó las cosas para sus herederas.

No puedo terminar esta sección sin mencionar a la esposa del conquistador urgelés, Arsenda de Fluvià, que aparece junto a él en casi todos sus diplomas. Su relación era de respeto mutuo y amor sincero, como se expresa en su testamento y se ve en sus acciones, como que se repartían los bienes a razón de una mitad cada uno, en vez de seguir la norma de que la esposa se quedase solo con la décima parte y algunas donaciones en vida.

Arsenda de Fluvià tuvo un rol muy importante en la gestión de propiedades, las donaciones piadosas y la construcción de puentes, caminos y hospitales para pobres y peregrinos. La pareja logró acumular muchas riquezas, incluyendo tejidos de al-Ándalus y unas piezas de ajedrez de cristal de roca muy bonitas y que en parte se exponen hoy en el Museo de Lérida. Si te está gustando el episodio y este tipo de historias tan detalladas, suscribirte y darle a me gusta ayuda mucho a que el canal siga creciendo y a que YouTube lo recomiende, y también puedes decirme en los comentarios si quieres que haga un vídeo de biografía de Arnau Mir de Tost.

La confluencia aragonesa y catalana en el valle del Cinca

Castillo de Samitier (Huesca), siglo XI
Castillo de Samitier (Huesca), siglo XI

Los años previos a la campaña de Barbastro se caracterizaron por una confluencia de intereses aragoneses y catalanes en la zona del sur de Ribagorza y las comarcas de la Litera y Barbastro. Al menos desde 1049 el rey Ramiro I de Aragón recibía almotexenas del distrito islámico de Barbastro, es decir, unos tributos generalmente en especie de las poblaciones fronterizas sin intervención de sus soberanos.

El distrito de Barbastro era más fácil de explotar que el más poblado de Huesca y centrar su atención allí servía para evitar que solo los urgeleses y barceloneses se hicieran con los territorios de esa zona. Ese cobro de tributos tenía un doble propósito: por un lado, debilitaba económica y militarmente a los musulmanes de Barbastro antes de intentar la conquista, y por otro, con esos recursos tuvo la capacidad de construir muchos castillos y de que más hombres se dedicasen exclusivamente a la guerra.

Como ataque en vistas a la conquista del castillo de Bolea, en 1058 Ramiro obtuvo la rendición del pueblo de Puibolea a cambio de exonerarles de tributos y de respetar sus bienes, y su notable, un tal Abd Allah, se convirtió al cristianismo bautizándose con el nombre de Sancho. Como represalia, los musulmanes mataron al padre del converso y hubo represión de mozárabes en la zona, lo que hizo que algunos emigrasen al Reino de Aragón.

El año siguiente se produjo una batalla en Puibolea, ganada por los hudíes de Zaragoza, que recuperaron la plaza. Esta derrota fue un toque de atención importante para el rey aragonés. Quedaba claro que no tenía fuerza suficiente para avanzar por el distrito de Huesca, y debía mirar más al este. Por eso estrechó lazos con Arnau Mir de Tost y el conde de Pallars Jussà, y conquistó Benabarre y otras poblaciones de la Baja Ribagorza.

Conquista aragonesa y urgelesa de la Baja Ribagorza, 1045-1103, por Guillermo Tomás Faci
Conquista aragonesa y urgelesa de la Baja Ribagorza, 1045-1103, por Guillermo Tomás Faci

Además, como sufría una enfermedad y temía perder la vida en batalla, como de hecho sucedería, Ramiro hizo testamento determinando que Sancho Ramírez, hijo engendrado con su primera esposa, sería su sucesor. Lo asoció al trono para compartir tareas de gobierno desde 1061. Un hecho importante para entender la guerra santa de Barbastro es la alianza que selló Ramiro con el conde Ermengol III de Urgel.

El urgelés se casó con una hija del rey, mientras que Sancho Ramírez se casó con una hija del conde. Mientras que Ermengol III tenía un trato de igual a igual con Ramiro I de Aragón, el urgelés se veía cada vez más sometido a la presión de un conde de Barcelona que tenía un mayor poder negociador. Esto se ve, por ejemplo, en 1058 con una conveniencia con la que dos tercios de las parias iban para Barcelona y un tercio para Urgel.

Los catalanes hicieron una campaña exitosa por el valle del Cinca y conquistaron algunas poblaciones como Estopiñán, Caserras, Pilzán y Purroy, infeudadas a Arnau Mir de Tost. De esta manera el Reino de Aragón y los dominios de los condes de Barcelona y Urgel hacían frontera y se encontraban a pocos kilómetros de Barbastro.

La conquista de Barbastro, una historia mal contada

Con todo el contexto que he explicado se puede comprender bien la campaña de Barbastro de 1064. Pero en Wikipedia y en la mayoría de libros de historia, incluida la monografía sobre Barbastro de Carlos Laliena y Philippe Sénac, la reconstrucción de esta guerra sacralizada está mal y te voy a explicar por qué. La historia se suele contar así. En 1063 el rey Ramiro fue muerto en la batalla de Graus, cerca de Barbastro.

Castillos del valle de Ribagorza antes del asedio a Barbastro, por Philippe Sénac y Carlos Laliena
Castillos del valle de Ribagorza antes del asedio a Barbastro, por Philippe Sénac y Carlos Laliena

Sus enemigos fueron los zaragozanos, que pudieron estar o no apoyados por mercenarios castellanos. La noticia corrió como la pólvora por Europa y despertó una oleada de solidaridad cristiana, sobre todo entre los que compartían lazos de parentesco con el rey caído en combate. El papa Alejandro II hizo un llamamiento a combatir a los musulmanes de España, por eso se ha discutido mucho sobre si es apropiado llamarla cruzada de Barbastro.

Nobles cristianos de toda Europa participaron, sobre todo urgeleses, normandos del sur de Italia y aquitanos, en una campaña de venganza con el objetivo de tomar Barbastro, que supuestamente estaba bajo la soberanía de Yusuf de Lérida y la habría abandonado a su suerte. Algunos asumen que participó Sancho Ramírez de Aragón, mientras que otros lo rechazan por falta de pruebas. La coalición internacional de cristianos logró tomar la plaza, pero su posesión duraría menos de un año por la reacción islámica liderada por Ahmad de Zaragoza.

Este es el resumen de cómo se explican Graus y Barbastro. La cuestión de si hay que llamarla cruzada de Barbastro creo que ha sido bien tratada por la mayoría de historiadores. Las cruzadas fueron expediciones militares iniciadas por el papa de Roma con el objetivo de tomar o defender el control cristiano sobre Tierra Santa, sobre Palestina, bajo promesas de recompensas espirituales.

En la campaña de Barbastro de 1064 encontramos elementos que suponen claros antecedentes a las cruzadas, como que potenciaban el sentido religioso de apropiarse de tierras andalusíes o la participación de guerreros cristianos de distintas partes de Europa, pero también hay diferencias clave. No hubo una gran oleada de entusiasmo y fervor religioso, ni Barbastro guardaba el simbolismo espiritual de Jerusalén, ni el objetivo era Tierra Santa o un lugar de peregrinación.

Además, el papa Alejandro II no fue el que organizó la expedición. Sus cartas no tuvieron una gran repercusión y su papel fue el de conseguir la participación de los normandos del sur de Italia y quizás de algunos franceses. Por lo sacralizado que estuvo podemos calificar el asedio de guerra santa, en la línea de otras guerras como las libradas contra los musulmanes en el sur de Italia y Sicilia.

Luego hay cosas que se suelen decir que no tienen ningún sentido. Por ejemplo, que la batalla de Graus fue entre aragoneses y castellanos bajo Sancho II, con un joven Rodrigo Díaz de Vivar involucrado, o por lo menos de zaragozanos con mercenarios castellanos. Sancho II no reinó hasta 1065, ya muerto Ramiro, y el protagonismo castellano solo aparece en relatos legendarios surgidos décadas después. Así que en la serie de El Cid de Amazon te engañaron, por eso no hay que tomarse las novelas, series y películas históricas como si fueran representaciones fidedignas.

Otro sinsentido es pensar que Barbastro estaba bajo el control de Yusuf de Lérida. Es cierto que esto está apoyado por una afirmación de Ibn Hayyan, cronista contemporáneo que suele ser fiable, pero no se explicaría por qué Ahmad de Zaragoza habría combatido a los aragoneses en Graus, que está unos quince kilómetros al noreste de Barbastro y por tanto más alejado de Zaragoza.

Tampoco por qué más tarde habría reconquistado Barbastro, sin mención de Yusuf en ninguna de estas acciones. Lo más probable es que Ahmad hiciera una campaña de desinformación culpando a su hermano, con el que estaba en malos términos, y porque no haber protegido las fronteras habría destruido la imagen de soberano de la yihad que se creó de sí mismo para legitimarse, en especial tras retomar Barbastro.

Pero lo que ha generado más debates y confusión es la fecha de la batalla de Graus. Desde el Liber regum compilado a finales del siglo XII se ha ido repitiendo 1063 como el año de la batalla en la que murió el rey Ramiro. Sin embargo, una donación de marzo de 1064 demuestra que el aragonés todavía estaba vivo entonces. Se trata de un diploma original, como confirmó el análisis de Antonio Ubieto.

Diploma. Ramiro I de Aragón da a Aznar Samitier con sus términos para que lo pueble y unas viñas en Estallo. Marzo de 1064. Archivo Histórico Nacional
Diploma. Ramiro I de Aragón da a Aznar Samitier con sus términos para que lo pueble y unas viñas en Estallo. Marzo de 1064. Archivo Histórico Nacional

Eso significa que resulta poco convincente el argumento de los que siguen defendiendo la fecha tradicional de la batalla, que dicen que el escribano debió equivocarse al datarlo, algo que sí que era relativamente común que ocurriera al copiar documentos. Aunque solo sea un documento, esta donación nos obliga a cambiar por completo la reconstrucción de los hechos.

Y es que, como veremos a continuación, la batalla de Graus y el sitio de Barbastro se explican mucho mejor tomándolos como parte de una misma campaña militar del año 1064. Pero antes de seguir, tengo que decir que estas exposiciones bien razonadas no se hacen a golpe de ChatGPT en unos minutos, así que si quieres que pueda seguir produciendo nuevos episodios de manera independiente y rigurosa, por favor apóyame en Patreon o con membresías de YouTube y Spotify. Cuesta muy poquito, y a cambio obtendrás beneficios como acceso anticipado a todo mi contenido, aparecer en los créditos o una camiseta exclusiva. Muchas gracias.

1064: La batalla de Graus y la guerra santa de Barbastro

Ahora voy a exponer la reconstrucción que creo que tiene más sentido en función de las fuentes que tenemos, siguiendo en buena medida lo razonado por el historiador Roberto Viruete. En 1063 se iniciaron los preparativos para una gran campaña para el año siguiente. Podemos asumir que la iniciativa vino del rey de Aragón, el conde de Urgel y el señor de Àger.

En abril de 1063 Arnau Mir de Tost, o algún enviado suyo, consiguió la ratificación de la bula papal para la canónica de Àger. Es más que verosímil que este último hablase con el papa Alejandro II sobre una expedición contra los musulmanes vecinos suyos y consiguiera su apoyo para movilizar a más guerreros cristianos para tener más garantías de éxito. El papa concedió el perdón de los pecados a nobles normandos que fueron a combatir a España.

Los que idearon la expedición movilizaron a su propia red de aliados. Ermengol III consiguió que Ramón Berenguer enviase a vasallos suyos, incluyendo los caballeros de los obispos de Barcelona, Gerona y Vic. El duque Guillermo VIII de Aquitania y Gascuña, también conde de Poitiers, fue uno de los principales cabecillas de la guerra santa de Barbastro, y eso se debía a que la segunda esposa del rey Ramiro era hija del duque.

El otro jefe extranjero importante fue Roberto Crispín, que estuvo al mando de las tropas normandas de Italia. Además, participaron guerreros de Normandía, Champaña, Borgoña y de otras regiones de Francia, de las que destaca el nombre de Walter Giffard, uno de los barones más importantes de la conquista normanda de Inglaterra en 1066, solo dos años después.

Que francos vinieran a España a combatir no era una novedad, pero sí lo era la magnitud de esa participación internacional desde las campañas de Carlomagno. Es probable que hubiera más extranjeros que hispanos en el asedio de Barbastro. Las fuentes árabes hablan de unos 10.000 caballeros cristianos, y aunque recortemos eso en la mitad o un tercio, sigue siendo una movilización importante dentro de los estándares feudales.

Las motivaciones para participar en la guerra eran distintas según a quién nos refiramos. Los organizadores de la campaña, los aragoneses y los urgeleses, compartían el interés por el valle del Cinca, un sector menos bien defendido que el de Huesca o el de Lérida. Querían conquistar Barbastro y tener una plaza fuerte desde donde seguir avanzando.

Por su parte, en Roma circulaba la idea de que España era propiedad legítima de la Iglesia católica y que los musulmanes la habían usurpado, de ahí el interés del papa en los asuntos ibéricos. En cambio, los extranjeros que participaron en la contienda buscaban aventuras militares en tierras exóticas para ganar prestigio y sobre todo botín para traer de vuelta a casa, ya que no estaban interesados en residir en las tierras conquistadas.

Barbastro en los siglos X-XII, por Antonio Ubieto
Barbastro en los siglos X-XII, por Antonio Ubieto

Barbastro era una ciudad andalusí amurallada y que contaba con una alcazaba, una ciudadela, pero no se trataba ni mucho menos de una plaza de muy difícil conquista. Se calcula que tenía una superficie de unas diez o doce hectáreas, con lo que según la ratio de densidad de población que empleemos tendría entre los 2.000 y 6.000 habitantes, yo creo que más tirando a los 2.000, aunque al producirse la campaña más habitantes del entorno rural se refugiaron en la ciudad. Dentro del contexto andalusí era una ciudad tirando a pequeña, no comparable a Zaragoza, Lérida, Huesca o Tudela, pero tenía más población que cualquier ciudad de los reinos cristianos del momento.

La guerra empezó en primavera con los aragoneses actuando solos unas semanas antes de la llegada de los guerreros de Cataluña y del resto de Europa. Pensaban que la operación de conquista de algunas de las fortalezas menores que protegían Barbastro sería sencilla, pero les salió el tiro por la culata. Hubo un primer choque con los zaragozanos del que salió victorioso Ramiro y se pudo hacer con la torre de Torreciudad.

Pero el 8 de mayo de 1064 se produjo la batalla de Graus en la que falleció Ramiro. Según contó el alfaquí y filósofo Abu Bakr al-Turtusi, Ramiro y Ahmad de Zaragoza reunieron a tantas tropas como pudieron. Estaban perdiendo los musulmanes, cuando el rey taifa habló con un experto militar llamado Sadada para buscar una solución. Este, como hablaba romance muy bien y vestía como ellos, se infiltró en el ejército enemigo.

Se acercó al rey Ramiro, que iba armado de la cabeza a los pies y con solo los ojos algo desprotegidos, de manera que a la que vio su oportunidad Sadada se precipitó contra él y le hirió en un ojo. Entonces el musulmán se puso a gritar en romance que el rey había sido asesinado y los aragoneses se dispersaron. En cambio, según el análisis forense de los restos del primer rey aragonés, una lanza le atravesó el abdomen y le seccionó la arteria aorta y una vértebra, lo que le mató en segundos.

El rey había muerto, y eso hizo que los planes de participación aragonesa en el asedio de Barbastro se cancelasen. Que los hudíes de Zaragoza no hicieran frente a los cristianos durante el asedio tiene fácil explicación. Durante la batalla de Graus los musulmanes habían sufrido más bajas, y entre eso y el déficit crónico de soldados en los reinos de taifas habría sido suicida combatir al gran ejército cristiano reunido. Era mejor guardar sus escasos recursos militares para cuando la ocasión fuera más favorable, como ocurrió cuando los extranjeros regresaron a sus países.

El resultado de Graus no cambió los planes del resto de combatientes cristianos, que llegaron por dos vías distintas. Los normandos de Italia y los borgoñones pasaron por Narbona y el condado de Urgel, donde estaban reunidos los catalanes. Es interesante que el papa tuviera que insistir en que de camino a al-Ándalus los cristianos evitasen agredir a los judíos, que algunos confundían con musulmanes.

El otro ejército, compuesto por normandos de Francia, aquitanos y gascones, entró por el puerto pirenaico de Somport en dirección a Jaca. Antes de llegar a Barbastro asediaron Huesca durante unos días e hicieron saqueos y tomaron cautivos en su distrito. En junio los cristianos iniciaron el asedio contra Barbastro, que duró cuarenta días. Según al-Himyari, los atacantes sabían que la plaza tenía una guarnición pequeña y pobremente armada.

Cuando la desesperación empezó a cundir en la ciudad asediada por la falta de víveres, los cristianos se apoderaron de sus arrabales mientras que los atacados tenían que refugiarse en la alcazaba. Los atacantes bloquearon un canal por el que llegaba agua del río Vero y eso llevó a la mayoría de soldados defensores a rendirse poniendo como única condición que respetasen sus vidas.

Skylitzes Matritensis (Grecia y Sicilia, c. 1200). Cristianos matando a musulmanes
Skylitzes Matritensis (Grecia y Sicilia, c. 1200). Cristianos matando a musulmanes

Los cristianos aceptaron la rendición, pero salieron tantos soldados defensores que los cristianos temieron que se iniciase un tumulto. Por eso faltaron a su palabra y se pusieron a masacrar a los hombres. Un pequeño número de notables salvaron su vida, podemos suponer que previo pago de soborno. En las puertas de las murallas se produjo también una estampida en la que murieron numerosas mujeres, niños y ancianos.

Unas decenas de guerreros permanecieron en la ciudadela y se rindieron tres días después. Sus vidas fueron perdonadas y al salir de Barbastro se dirigieron a Monzón, pero de camino fueron sorprendidos por un grupo de caballeros cristianos que no estaban enterados del perdón que habían recibido. Los mataron a todos, salvo por alguno que logró huir. En cuanto a los supervivientes de Barbastro, los vencedores dieron la orden de que aquellos que poseían una vivienda entrasen de nuevo para efectuar el reparto del botín.

Ibn Hayyan relata con toda la crudeza lo que ocurrió: “Cada caballero que recibía una casa en el reparto, obtenía además todo lo que había en ella, las mujeres, los niños, el dinero, etcétera, y podía hacer lo que quisiera del dueño de la casa; así, se quedaba con todo lo que el dueño le mostraba y lo forzaba con torturas de todo tipo a que le entregase lo que quería ocultarle. A veces, el musulmán entregaba su alma en medio de las torturas, lo que en realidad era una suerte para él, pues, si sobrevivía, debía sufrir dolores aún mayores, dado que los infieles, con refinada crueldad, se daban el gusto de violar a las mujeres e hijas de sus prisioneros ante los ojos de estos.

Cargados de cadenas, estos desventurados eran obligados a asistir a estas escenas horribles; vertían muchas lágrimas y se les partía el corazón. En cuanto a las mujeres que estaban empleadas en los trabajos de la casa, los caballeros, en el caso de que no las quisiesen para sí mismos, las abandonaban a sus pajes y criados, para que hiciesen con ellas lo que quisieran. Es imposible decir todo lo que los infieles hicieron en Barbastro.”

Todos los autores árabes señalan que la carnicería, la explosión de violencia y violaciones vividas en Barbastro eran algo inédito, al menos dentro de la memoria colectiva del siglo XI. Uno podría sospechar que los musulmanes exageraban, pero las violaciones están confirmadas por una fuente cristiana. El monje Amato de Montecassino, que en general hablaba muy bien de los normandos de Italia, dijo que los cristianos perdieron Barbastro porque se dejaron llevar por los engaños del diablo y se dedicaron al amor de las mujeres.

Era una forma muy fina y blanqueadora de referirse a las violaciones. En todo caso, estos testimonios son otra demostración de lo que comenté en un episodio de Memorias Hispánicas sobre la tontada de decir que no hay que juzgar el pasado. Actos inmorales como las violaciones eran motivo de escándalo incluso entre la gente de los países atacantes, y ya ni hablemos de las pobres mujeres víctimas y de sus maridos.

Que las campañas militares con una participación notable de extranjeros fueran más brutales de lo habitual es un patrón que se observa a lo largo de la historia medieval, como también ocurrió en la primera cruzada. Esto podría explicarse porque, a diferencia de los cristianos ibéricos, los venidos de otras partes de Europa no eran vecinos de los andalusíes, eran personas completamente extrañas para ellos y por tanto más fáciles de deshumanizar y tratar con absoluta brutalidad.

Las fuentes árabes llegan a hablar de 50.000 personas muertas o hechas cautivas en el distrito de Barbastro, cifra a todas luces exagerada. Pero documentación francesa nos confirma que estos, en particular los hombres del duque de Aquitania, regresaron a su país con un botín muy abundante en forma de esclavos, mobiliario, tejidos, joyas y monedas. Según el monje de Montecassino, los cristianos planeaban conquistar más ciudades el año siguiente, pero la contraofensiva islámica evitaría que tales deseos se llevasen a la realidad.

Reino de Aragón de Ramiro I, por Antonio Durán Gudiol
Reino de Aragón de Ramiro I, por Antonio Durán Gudiol

Los soldados que permanecieron en Barbastro fueron esencialmente los vasallos del conde Ermengol III de Urgel, que se convirtió en señor de la ciudad conquistada. Sin embargo, hay que decir que una donación de abril de 1065 reconoce el dominio de Sancho Ramírez de Aragón en Barbastro, lo que sugiere que antes de la conquista se había llegado a un acuerdo para que el aragonés fuese el propietario bajo la condición de infeudarlo al conde urgelés.

Los aragoneses no participaron en la toma de Barbastro, pero sí en acciones en su distrito tanto antes, con la batalla de Graus, como después. De este modo, Sancho Ramírez atacó la importante población fortificada de Alquézar y sus habitantes la rindieron en la primavera de 1065 porque no querían sufrir el mismo destino que los de Barbastro. Pero mientras lograron conservar Alquézar, no sucedería así con Barbastro.

La reacción musulmana: Yihad bajo al-Muqtadir de Zaragoza

La noticia de la caída de Barbastro y del brutal trato recibido por los vencidos causó conmoción por todo al-Ándalus. Se convirtió en el tema del que todo el mundo hablaba, y la inacción de los reyes de taifas y de los alfaquíes hacía que los cordobeses temieran que su ciudad fuera atacada del mismo modo. Pero, en última instancia, los andalusíes seguían autoengañándose ante la terrible amenaza que se vertía sobre su país.

Así lo expresa Ibn Hayyan: “Pues todavía no habían perdido la costumbre de apartar sus temores, ilusionarse con esperanzas y dar su confianza a príncipes extraviados que propugnaban la separación, oscilando entre el fracaso y la impotencia, apartando a sus súbditos de la vía recta, enturbiando las señales más claras. […] ¿Cómo no quedar estupefactos ante los actos de estos príncipes que, aterrorizados ante este acontecimiento de gran importancia ocurrido en Barbastro, no supieron hacer otra cosa que cavar fosos, aumentar la altura de las murallas y consolidar y reforzar los edificios, desvelando al enemigo, al hacer esto, una bajeza aún más terrible que la que estos se disponían a cometer al querer apoderarse de la ciudad?”

 Numerosos juristas hicieron un llamamiento a la unión de armas de distintos reinos de taifas para expulsar a los cristianos de Barbastro. Advertían que los enemigos no iban a quedarse solo con las fronteras, sino también con los territorios más al sur, y que la gente debía abrir los ojos y hacer frente a la amenaza. Pero pocos soberanos islámicos reaccionaron.

Ahmad envió a León al obispo mozárabe Paterno de Zaragoza para tratar de conseguir la ayuda militar de Fernando I, que todavía no había regresado de Coímbra, ciudad que había conquistada. Ante los temores y la indignación de los andalusíes, el sultán hudí dejó de pagar parias al rey de León. Según los Anales Compostelanos, la población cristiana mozárabe de Zaragoza fue masacrada en enero de 1065 por temor a que fueran usados como quintacolumnistas.

Tras unos meses de indecisión, Ahmad hizo un llamamiento a la yihad entre todos los musulmanes de al-Ándalus. Según Ibn Idari, que tiende a exagerar cifras, pudo convocar a 6.000 arqueros o ballesteros, sin que se diga nada sobre los caballeros y soldados de infantería, aparte de los 500 jinetes bereberes que envió al-Mutadid de Sevilla, el único rey de taifa que sabemos que se involucró.

Skylitzes Matritensis (Grecia y Sicilia, c. 1200). Musulmanes asaltando una fortaleza
Skylitzes Matritensis (Grecia y Sicilia, c. 1200). Musulmanes asaltando una fortaleza

El rey de Zaragoza encabezó la expedición y comenzó el asedio islámico de Barbastro en marzo. Como se evidenció enseguida, el dominio cristiano estaba asentado en bases débiles al no contar con el grueso de los guerreros que habían tomado la ciudad. La lluvia de flechas que les lanzaban obligó a los cristianos a salir a atacar el campamento musulmán, pero fueron derrotados y los supervivientes regresaron dentro de la ciudad.

Ermengol III de Urgel debió morir en estos choques iniciales, pues el 12 de abril se produjo su entierro en la iglesia canonical de Sant Pere d’Àger. Probablemente fue enterrado allí por ser una iglesia bajo la jurisdicción directa de Roma y estar por ello vinculada al reino del Cielo. El 17 de abril de 1065 se consumó la reconquista islámica de Barbastro, nueve meses después de la ocupación cristiana. Mataron a casi todos los hombres de la guarnición, mientras que mujeres y niños quedaron reducidos a la cautividad. El ciclo de violencia se perpetuaba.

La recuperación de Barbastro hizo que Ahmad tomase el honorífico al-Muqtadir billah, de inspiración califal abasí, y que mandase construir el palacio de la Aljafería de Zaragoza. Ganó mucho prestigio como soberano que defendía las fronteras del islam, pero en vez de aprovechar la victoria para recuperar más plazas y castigar a los cristianos, los musulmanes regresaron a sus casas tan pronto se hicieron con Barbastro.

Junto a la expedición de Muyahid de Denia contra la isla de Cerdeña, de éxito efímero, la reconquista de Barbastro es la única campaña de yihad contra los cristianos que destaca del periodo taifa. Barbastro sería definitivamente conquistada por los aragoneses en 1101.

Consecuencias de la campaña de Barbastro

Uno podría asumir erróneamente que la guerra por Barbastro fue poco relevante dado que la ocupación cristiana fue efímera, pero tuvo consecuencias importantes tanto para los andalusíes como para los cristianos. En el condado de Urgel empezó una nueva regencia y sus siguientes condes quedaron más avasallados por las injerencias políticas de Barcelona.

El propio condado quedó desdibujado, al quedar el norte montañés dominado por el obispado y los vizcondes de Castellbò, mientras que el conde pasó a vivir en la mitad sur, cerca de Arnau Mir y sus sucesores. Como los barceloneses fueron cerrándoles posibilidades de expansión por el sur y oeste, el linaje condal de Urgel desarrolló una relación muy especial con Castilla, hasta el punto de que algunos de sus condes vivieron allí, en una frontera donde podían seguir obteniendo tierras.

Por su parte, la Santa Sede pasó a ganar más interés en España. Un legado pontificio llamado Hugo Cándido visitó la Península para difundir el rito romano en sustitución del hispanogodo, y probablemente preparó la visita del rey Sancho Ramírez de Aragón a Roma, en la que este declararía al Reino de Aragón vasallo del pontífice. Entre el Camino de Santiago y Barbastro, los franceses pusieron mucho más sus ojos en la península ibérica, fuera para peregrinar, para participar puntualmente en una expedición y traer botín a casa, o para asentarse en España.

Los lazos matrimoniales entre nobles de los dos lados de los Pirineos se multiplicaron, y muchos caballeros francos se hicieron vasallos de reyes hispanos. España se convirtió en una tierra donde conseguir muchas riquezas mediante el expolio y conquista de al-Ándalus. Además, la guerra santa de Barbastro contribuyó al desarrollo del odio hacia los musulmanes entre los franceses, lo que facilitó la movilización para las cruzadas.

Barbastro fue un punto de inflexión en las relaciones interreligiosas en al-Ándalus, en el trato y las actitudes de los musulmanes hacia las minorías religiosas. Los cristianos mozárabes y los judíos se convirtieron en fáciles chivos expiatorios y en sospechosos de ser quintacolumnistas. Eso llevó a que se vieran sometidos a un control social más estricto y degradante y a matanzas como la que hemos visto en Zaragoza en 1065 o el pogromo contra los judíos de Granada en 1066, como veremos en un futuro episodio.

Muchos intelectuales andalusíes empezaron a atacar agresivamente a los reyes de taifas como consecuencia de la caída de Barbastro, porque se evidenciaba que eran incapaces de proteger las fronteras del islam, y los culpaban por su impiedad religiosa, su falta de gasto militar y su ilegitimidad de gobernar trocitos de al-Ándalus. Ese descontento también lo sentía el pueblo llano, asfixiado por impuestos que luego iban a parar en parte en manos cristianas por medio de las parias.

En cuanto a los reyes de taifas, la reconquista islámica de Barbastro no cambió la tendencia política. Ahmad de Zaragoza tuvo que volver a pagar parias y llegar a compromisos con los poderes cristianos por su falta de poder militar. No hubo un impulso duradero de la yihad contra los cristianos y las guerras entre taifas continuaron. Solo la caída de una ciudad tan importante como Toledo en 1085 supuso un punto de inflexión hacia el fin de las taifas y la reunificación de al-Ándalus bajo los almorávides.

El Veredicto: Prevenirse de las falacias de autoridad y consensos

La historia no avanza si caemos en falacias de autoridad y repetimos consensos como si fueran dogmas. Avanza cuando se revisan los argumentos, se vuelven a leer las fuentes y se está dispuesto a cambiar de opinión si la evidencia lo exige. La reconstrucción que he presentado sobre la guerra de Barbastro se apoya en buena medida en los trabajos de Roberto Viruete, que no parecen haber tenido mucha difusión entre los historiadores.

Pero lo que importa no es lo que repitan muchos, sino aquello que encaja mejor con la documentación disponible y resuelve mejor contradicciones y sinsentidos. Con este episodio espero que no solo hayas aprendido una historia, sino a pensar históricamente, valorando argumentos por su lógica y no por quién los firma. Pensar por uno mismo es agotador, pero también emocionante y el único camino para el conocimiento. Y con eso, El Veredicto termina.

Avance y outro

No te vayas sin darle a me gusta y a la campanita de notificaciones para que el caprichoso algoritmo de YouTube no te esconda los nuevos vídeos del canal. También puedes conseguir lo mismo en el canal de WhatsApp o el servidor de Discord, donde sumamos una comunidad de más de 400 miembros ya. En el próximo episodio miraremos más allá de la península ibérica para hablar de cómo se construyó con la reforma gregoriana la Iglesia católica centralizada tal y como la conocemos hoy. Gracias por llegar hasta aquí y hasta la próxima.

Fuentes

“Ramiro I murió de una lanzada en el abdomen.” El Periódico de Aragón, 21 de octubre de 2022, https://www.elperiodicodearagon.com/cultura/2022/10/21/ramiro-i-aragon-causa-muerte-lanzada-abdomen-reyes-revelado-77528912.html.

Abenza Soria, Verónica Carla. Ego regina. Patronazgo y promoción artística femenina en Aragón, Navarra y Cataluña (1000-1200). 2018. Universitat Autònoma de Barcelona, tesis doctoral.

Albarrán Iruela, Javier. Ejércitos benditos. Yihad y memoria en al-Andalus (siglos X-XIII). Editorial Universidad de Granada, 2020.

Barraqué, Jean-Pierre. “Béarn et Aragon aux XIe et XIIe siècles.” Civilisation Médiévale 12.1 (2001): 175-188.

Barton, Thomas W. Victory’s Shadow: Conquest and Governance in Medieval Catalonia. Cornell University Press, 2019.

Benito i Monclús, Pere. “Fams endèmiques, fams episòdiques. Crisis i conjuntures frumentàries als comtats de Barcelona, Osona, Manresa i Girona (990-1090).” Recerques: història, economia, cultura 81 (2022): 5-36.

Brufal Sucarrat, Jesús. El món rural i urbà en la Lleida islàmica (S. XI-XII): Lleida i l’est del districte: Castelldans i el pla del Mascançà. Pagès Editors, 2013.

Cabañero Subiza, Bernabé. “Fortalezas aragonesas de los siglos X y XI.” Cuadernos Medievales 31 (2021): 21-48.

Camats Campabadal, Jaume. Iglesia de Urgel: feudalización y reforma (1020-1150). 2016. UNED, tesis doctoral.

Castán Sarasa, Adolfo. Castillos del siglo XI en la provincia de Huesca. Prames, 2019.

de Ayala Martínez, Carlos, Isabel Cristina Ferreira Fernandes, y José Santiago Palacios Ontalva, editores. La Reconquista: ideología y justificación de la Guerra Santa peninsular. La Ergástula, 2019.

de la Iglesia Duarte, José Ignacio, coordinador. García Sánchez III “el de Nájera” un rey y un reino en la Europa del siglo XI. XV Semana de Estudios Medievales, Nájera, Tricio y San Millán de la Cogolla del 2 al 6 de agosto de 2004. Instituto de Estudios Riojanos, 2005.

Durán Gudiol, Antonio. Ramiro I de Aragón. Ibercaja, 1993.

Español Solana, Darío. “Guerra en el valle del Ebro en la segunda mitad del siglo XI: geoestrategia y control militar de los recursos económicos en el noreste peninsular.” Aragón en la Edad Media 30 (2019): 211-242.

Ferreiro, Alberto. “The siege of Barbastro 1064–65: a reassessment.” Journal of Medieval History 9.2 (1983): 129-144.

Ferrer i Maloll, Maria Teresa, y Manuel Riu i Riu, directores. Tractats i negociacions diplomàtiques de Catalunya i de la Corona Catalanoaragonesa a l’edat mitjana. Volum I.2. Tractats i negociacions diplomàtiques amb els regnes peninsulars i l’Àndalus (segle XI-1213). Institut d’Estudis Catalans, 2018.

Fité Llevot, Francesc, y Eduard González Montardit. Arnau Mir de Tost. Un senyor de frontera al segle XI. Universitat de Lleida, 2010.

Flori, Jean. “De Barbastro à Jérusalem: plaidoyer pour une redéfinition de la croisade.” Civilisation Médiévale 12.1 (2001): 129-146.

García Fitz, Francisco, y Feliciano Novoa Portela. Cruzados en la Reconquista. Marcial Pons Historia, 2015.

González Artigao, Aurora. De Zaragoza a Murcia y Damasco: perspectivas ampliadas sobre los Banu Hud (ss. XI-XIII). 2022. Universidad Autónoma de Madrid, tesis doctoral.

Guichard, Pierre, y Bruna Soravia. Los reinos taifas: fragmentación política y esplendor cultural. Editorial Sarriá, 2005.

Iglesias Costa, Manuel. Historia del condado de Ribagorza. Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001.

Kosto, Adam J. Making agreements in medieval Catalonia: Power, order, and the written word, 1000–1200. Cambridge University Press, 2001.

Ladero Quesada, Miguel Ángel, et al. La Reconquista y el proceso de diferenciación política (1035-1217). Dirigida por José María Jover Zamora, vol. 9, Espasa-Calpe, 1998.

Ladero Quesada, Miguel Ángel. La formación medieval de España. Territorios. Regiones. Reinos. Alianza Editorial, 2004.

Lapeña Paúl, Ana Isabel. Sancho Ramírez: rey de Aragón (¿1064?-1094) y rey de Navarra (1076-1094). Ediciones Trea, 2004.

Negro Cortés, Adrián Elías. Las parias: política, ideología y explotación económica del enemigo musulmán (s. XI-s. XV). 2019. Universidad de Extremadura, tesis doctoral.

Riley-Smith, Jonathan, y Susanna A. Throop. The crusades: A history. Bloomsbury Publishing, 2022.

Salrach Marès, Josep Maria. El procés de feudalització (segles III-XII). Dirigida por Pierre Vilar, vol. 2, Edicions 62, 1998.

Sarasa Sánchez, Esteban, editor. Sancho Ramírez, rey de Aragón, y su tiempo (1064-1094). Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1994.

Sénac, Philippe, y Carlos Laliena Corbera. 1064, Barbastro: Guerra santa y yihad en la España medieval. Alianza Editorial, 2020.

Sobrequés Vidal, Santiago. Els grans comtes de Barcelona. Editorial Vicens-Vives, 1961.

Tomás Faci, Guillermo. Montañas, comunidades y cambio social en el Pirineo medieval: Ribagorza en los siglos X-XIV. Presses universitaires du Midi, 2020.

Ubieto Arteta, Antonio. “Una leyenda del “Camino”: la muerte de Ramiro I de Aragón.” Príncipe de Viana 24.90 (1963): 5-28.

Ubieto Arteta, Antonio. Historia de Aragón. La formación territorial. Anubar Ediciones, 1981.

Vergés Pons, Oliver. Urgell mil anys enrere. Història política, social i econòmica d’un comtat i de la seva classe dirigent (870-1066). 2017. Universitat Autònoma de Barcelona, tesis doctoral.

Viguera Molins, María Jesús, editora. Los reinos de taifas. Al-Andalus en el siglo XI. Dirigida por José María Jover Zamora, vol. 8.1, Espasa-Calpe, 1994.

Villegas-Aristizábal, Lucas. “Pope Gregory VII and Count Eblous II of Roucy’s Proto-Crusade in Iberia c. 1073.” The Medieval History Journal 21.1 (2018): 117-140.

Viruete Erdozáin, Roberto. Aragón en la época de Ramiro I. 2008. Universidad de Zaragoza, tesis doctoral.

Comentar

Si tienes alguna duda o comentario, no dudes en escribir!